Nadie en la clase se sienta cerca de la pequeña por el mal olor. La maestra le levanta el brazo y llama al 911, llorando por lo que ve. No vas a creer lo que pasa después…
Nadie elegía jamás el pupitre al lado de la pequeña. No era crueldad, solo instinto. Siempre había un olor leve y agrio pegado a su ropa, de esos que hacen que los niños aparten la silla en silencio. Entonces, una tarde, durante la clase de gimnasia, le levanté la manga. Y mi mundo se detuvo. […]